Otra resurrección.
Ahora que vuelvo a reactivar este blog recuerdo muchos de esos momentos. Mi relación con la crítica de cine llegó por la frustración de no poder hacerlo en algún momento, o mejor, de que lo hicieran tan mal. Hay un clisé de que los críticos somos artistas frustrados, pues eso es un error, aunque suele pasar muy a menudo. Gracias a Dios he podido hacer cine, no el que quiero hacer realmente, pero lo he hecho; también he podido pintar, hacer performances, escribir teatro, literatura y ensayos, hace fotografía, diseño gráfico y explorar muchas otras aristas del arte. Y no es una pèrdida de tiempo, todo lo contrario, entre los encontronazos con algunas disciplinas y la vocación creativa he podido saber lo que quiero y esas constantes muertes, muchas veces mal interpretadas como fracasos, no hicieron más que hacerme mejor, más completo y me dieron mucha más seguridad en mi mismo.
El cine seguirá siendo una pasión y quizás el que más requiere de la multidisciplina, de una formación mucho más completa. Por eso agradezco a todos mis tutores, mentores, mecenas y amigos que a lo largo de mi carrera me han apoyado, confiado y también criticado, su conocimiento y sabiduría las guardo no sólo en mi corazón, sino también en mi práctica diária. También, otra vez, agradezco a todos aquellos que siguen mis pasos, que toman parte de su tiempo para acercarse a mis palabras y que de alguna manera, más que cautivarlos los provoco y hago reflexionar. La muerte es necesaria, pero la resurrección también lo es.








