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lunes, enero 29, 2007

Alfombras verdes en los Premios Goya 2007

La 21ª Ceremonia de entrega de los Premios Anuales de la Academia "Goya" tuvo lugar en el Palacio de Congresos y Exposiciones del Campo de las Naciones en Madrid el 28 de enero de 2007. Todavía a estas alturas el sitio de la Academia no se ha actualizado y la prensa cinematográfica lejos de hacer una crítica sustanciosa hace ecos de la prensa sensacionalista. Pero por lo menos en Wikipedia los cinéfilos podrán encontrar los detalles de los premios.

Todas las academias siempre me han parecido sospechosas, sus reacciones contra todo aquello que pone los cánones patas arribas suelen ser interminables guerras y cuando terminan asimilando el cambio lo convierten en convención y volvemos a las mismas. Las academias suelen ser puritanas y sectarias, consideran la formación “clasica” como sacrosanta para la producción de arte y excluyen las vías informales, más libertarias y poco usuales que logran encontrar una expresión auténtica, casi siempre, condenada a la marginalidad comercial y promocional. Quizás por ese descreimiento en la oficialidad y esa duda en la “academización” fue que estuve a punto de cambiar de canal cuando comenzaron a transmitir la ceremonia de los Premios Goya pero las primeras bufonadas de José Corbacho me dejaron atónito y despertaron no poca curiosidad.

Los primeros minutos de la ceremonia estuvieron fatales. El intento de marcar la diferencia, de poner humor e impregnar de informalidad al ritual se hizo fallida por lo pedestre que se tornó la misma y la poca naturalidad de sus actores. Entre los pocos chistes buenos, el decorado “oscariano” y el fondo musical a lo Brodway, desfilaban los premiados. Algunos con una cara de gruesa incredulidad, otros con una emoción de telenovelas y algunos con un histrionismo exagerado. Lo cierto es que salvo las declaraciones de XXX, premiado por el mejor corto de animación, y las del archiconocido, Guillermo del Toro, el resto fueron discursos frívolos, insignificantes, plagados de agradecimientos lagrimales. He escuchado palabras de duros futbolistas en esta temporada que superan en elocuencia y gracia las allí expresadas.

Cada vez este tipo de evento se trivializa cada ves más, su efecto mediático lo ha llevado a subir la parada y se ha convertido en una catapulta comercial para el cine no sólo español, sino también latinoamericano. El oscuro criterio de nominación y los no poco cuestionables premios lo llevan por caminos erráticos que desgraciadamente estimulan cierto tipo de cine que oscila entre el cine beige espectacular y el cine chato realista insulso que cree cuestionar la realidad. Por otro lado el empobrecido aparato crítico de la academia no puede ser más evidente, amén de lo acertado que hubieran sido o no los premios. Y es que siguen apegados a anquilosados clisés de análisis a la hora de seleccionar y premiar. La prueba es en los premios de edición, banda sonora y fotografía, por sólo citar algunos ejemplos, la guía está en la espectacularidad, en el efecto, la convulsión, el ritmo trepidante sin tener en cuenta el equilibrio, la efectividad, la armonía de cualquiera de esos elementos en el desarrollo dramático, sin destacar la invisibilidad de estos recursos y aporte al contenido. No, creo que jamás premiaran a un editor que no deja ver su corte, jamás a un compositor que no aplastado los fotogramas, jamás a un fotógrafo que ha captado e verdadero dramatismo sin jugar burdamente con la cámara y el paisaje. Este tipo de prácticas heredadas de Hollywood persisten en casi todas las latitudes y afectan al verdadero reconocimiento de un cine fértil y delicioso, arriesgado y comprometido.

Si algo enrareció la ceremonia fue el discurso de Ángeles González-Sinde, la nueva presidenta de la academia. Es raro que una guionista de oficio sea quién esté al frente, es raro también que procediendo de una zona rebelde y conflictiva, incluso hasta maldita, como la del guión, haya aceptado este compromiso institucional. Pues bien, su alegato que llevó el origen del cinematógrafo a las cavernas del paleolítico tuvo un toque de pedante, pero fue una acertada pataleta sobre la democratización del cine, sobre una “apertura” necesaria que no excluyera al espectador y sobre la necesidad de un fervor creativo más dinámico que se abra a nuevas formas de expresión. Las cámaras de la televisión se atrevieron a mostrar el desinterés de la mayoría del público que me probó una vez más la mala educación de las glamourosas estrellas. Esperemos que este nuevo mandato sea para bien y que ese amor desmedido por el cine que manifestó González-Sinde desborde la academia.

También creo que fue acertado la entraga del Goya del Honor, suponemos que por la carrera de toda una vida, a Teddy Villalba, un veterano productor del cine español, procedente de una estirpe de cineastas. A veces pienso que este tipo de reconocimiento al esfuerzo son una jugarreta para provocarle el infarto a los longevos que suelen recibirlo y que no es justo que llegue tan tarde. Pero por lo menos es un consuelo saber que de alguna manera no se olvidan ciertas zonas importantes del cine y esto es bueno.

Al final los filmes más premiados fueron “El laberinto del fauno”, de Guillermo del Toro y “Volver” de Pedro Almodóvar por encima de otras dos requetenominadas como “Alatriste”, de Agustín Díaz Yanes y “Salvador”, de Manuel Huerga. Aunque estas últimas fueron tocadas con algún Goya que esta vez no estuvieron rodeados de escándalos, ni manifestaciones, sólo mucha prensa inquieta y estrellas frívolas, poco flamenco y una feminización brutal en la pasarela para la entrega de los premios. En fin, otra entrega de banalidad camuflada de democratización y dudoso rigor crítico que nos prueba que aunque las alfombras no sean rojas no hay mucha diferencia entre los pavorreales de Cibeles y la ceremonia de entrega de los premios Goya.

sábado, enero 27, 2007

Abducidos y rebeldes: los caminos de la televisión (I)

La gran putada de la televisión es que a estas alturas ya no podemos prescindir de ella. Realmente es un gran chiste snob esas desmesuradas y sectarias palabras de muchos intelectuales de que dicen que no ven televisión, que no soportan los medios, que son una cloaca y que debieran eliminarlos. Declaraciones como esas, que suelen llevar el disfraz de la contracultura, son tan reaccionarias como las declaraciones del Ku Klux Klan. Lo más irónico que aquellos enemigos más acérrimos de los medios al final terminan en ellos y muchas veces no como entrevistados, sino como conductores, presentadores, facilitadores y hasta accionistas de muchos de ellos.

Para ser honestos la televisión es un verdadero “basurero y arcoiris” donde convive desde lo más retrogrado con lo más vanguardista, la mediocridad con el talento. Si algo es cuestionable no es su existencia, ni su historia, más bien su agresividad en pos de raintings que la llevan a crear productos tan escandalosos como obscenos con un desprecio absoluto al humanismo. La televisión española además de caótica es una de la más triviales de Europa, asediada por los enlatados estadounidenses, enlazada cada vez más con políticas empresariales multinacionales y degrada por los programas “del corazón”, en el medio de sus sombras tiene también sus luces. Lamentablemente la relación incestuosa de la publicidad con la programación hacen que la calidad y vida de muchos de sus productos respondan más a una falaz cuantificación de un público dopado por la mediatización cuyo universo audiovisual está condicionado por una tradición de trivialización que ha creado patrones inamovibles con respecto al contenido y la forma de presentar el producto televisivo.

Junto con un “homo videns” hay también un “homo zapping”, un sujeto nacido en la visualidad que ha padecido el empobrecimiento del sistema educacional y que paralelo a los medios, como público, ha ayudado a degradar las formas tradicionales de aprendizaje. Resulta duro que cada vez tengamos menos lectores de libros y más lectores de videojuegos, Internet y la televisión. No va a ser falta la desaparición de los árboles del planeta para que no se pueda adquirir un libro, ya la caída de las ventas es impresionante cuando la de los productos multimediales y la televisión satelital aumentan cada vez más.

Creo que lo peor de la televisión no es su función y utilidad, que puede ser provechosa cuando es bien entendida en una perspectiva no pedagógica, ni imposisitiva de una moralidad ultrajante, sino cuando ella es entendida como una plataforma para ayudar a entender mejor la realidad y a crear espacios fértiles de retroalimentación donde la democracia permita el autoreconocimiento de todas las capas de la sociedad. Lamentablemente sabemos que las apariencias libertarias responden a un capital, un capital politizado que urde los hilos invisibles de la censura, la coerción y la manipulación de contenidos. Hilos que permiten que los medios mientan, agredan, invadan y creen patrones paradigmáticos de una irrealidad fútil donde la democracia de contenidos es un espejismo creado por una agenda reductora soportada en el “directo”, una contingencia y una inmediatez sensacionalista donde lo esencial no es penetrar la realidad, sino mostrar superficialmente trozos de la realidad sin un reflexión honesta.

Hay que reconocer que la televisión le cambió la vida audiovisual al planeta. De las palomitas de maíz, el tiquet troceado en la taquilla, la oscuridad mágica de la sala con pantallas enormes y el delicioso ruido del proyector disparando luz, pasamos a una inmovilidad individualista, sedentaria y asociable que nos convirtió en otros ciudadanos cuando dejamos de ir al cine y nos quedamos frente al televisor, unas veces acompañados y otras solos cuando imponíamos lo que queríamos ver. Para colmo el surgimiento del vídeo fue otro golpe devastador al Séptimo Arte y a su ritual socializador, mítico y amoroso que permitía no solo la cita con los amigos y las novias, también era lugar de encuentro de la familia y aquel esparcimiento regido por la sala oscura ayudaba a una vida social menos fría y más interesante de la ciudad donde el encuentro fortuito, el conocer nuevas personas y el estrechar lazos sociales sobre la magia del cine, creo, nos hacía mejores personas.

Pero los vasos comunicantes de la audiovisualidad permitieron que cine y televisión pudieran coexistir y, aunque la mayoría de las salas de cine padecen un crisis, el cine en su estado más puro de producción-distribución todavía le quedan años por delante. La prueba es que los productores de equipos de televisión cada vez más quieren emular el cine, sus pantallas gigantescas, sus manuales de distribución de audio para los equipos, la calidad de la imagen y la magia de vivir una experiencia única provienen de la magia del cine. Mi predicción es que televisión y cine van hacia una integración, habrá una reformulación de los conceptos de consumo de la audiovisualidad y la experiencia interactiva privada será paralela a un experiencia interactiva pública, de masas, donde del individualismo saltaremos a una socialidad enérgica que humanizará las relaciones sociales.

La televisión dejará de ser un aparato cuadrado y pequeño, se tornará como nosotros mismos decidamos y habitará en nuestra arquitectura. El techo, una parte de la casa, muebles, conjunto de objetos recibirán las señales de la televisión del futuro, pero además la televisión como concepto será reevaluada por las generaciones venideras y el individuo podrá participar de esta, hará en solitario o entre sus más cercanos sus propios programas y los pondrá no sólo en el reino de Internet, sino que podrá transmitirlos a sus vecinos, a sus amigos, hacerlos públicos en la fachada de su casa que no será de hormigón, sino se una sustancia que contendrá las imágenes que querrá compartir con los demás. De hecho manifestaciones como Youtube que propició una plataforma para el audiovisual anónimo, informal y negado por el imperio de las productoras de cine y la televisión, le han dado un vuelco a la manera de producir y hacer audiovisuales, dejando atrás conceptos retrógrados como la definición, la dramaturgia más obtusa y los moldes de hechura hipertradicionales que inmovilizaban un arte tan joven con el del cine. Me río con felicidad porque había quienes pensaban que el mass-media sólo hacía videos cutres y pornos domésticas con las tecnologías que tenían a su alcance. La vida, la realidad, probó que no, que el nivel de creatividad asustó no solo a los emporios mediáticos, sino también a directores de cine y de televisión cuando descubrieron que el hombre de a pie era capaz de tener una libertad creativa insospechada.

De todas maneras el alcance de Internet, el uso de las nuevas tecnologías y las alternativas de expresión como YouTube todavía no pueden competir con los emporios mediáticos cuya solidez estructural es cada vez más vulnerable. Al final tenemos una historia de aducidos y rebeldes que se disputan el espacio de la audiovisualidad. Por ahora tenemos que lidiar con una televisión que no deja de coquetear con el cine, que es cada vez más agresiva y que detracta la calidad siempre y cuando el dinero de los patrocinadores no falte. En España la televisión privada y pública se parecen bastante, pero sobre esto y, en detalle, su programación será lo que nos ocupará en un próximo artículo.

viernes, enero 26, 2007

Para no seguir exagerando sobre Match Point


Woody Allen hace un filme que, aparentemente, no tiene nada que ver con su estilo y la crítica salta eufórica, enloquece, ante un divertimento paródico de lo que es el cine beige. Match Point ni es una obra maestra, ni creo que sea para saltar en las butacas. Tres actos bien dilatados, donde la vértebra es un protagonista acorralado por su condición de amante y hombre pobre, enfrentado a dilemas éticos, filosóficos y existenciales que tienen mejor sabor en Dostoyievski que en Woody.

Antes de proseguir creo que es oportuno que confiese que soy amante de la obra de este autor, que cuando nadie lo defendía, ni lo entendía, por lo menos este humilde escritor se aproximaba a su obra y, a pesar de esa verborrea profusa y densa, admiraba la capacidad de construir sobre el diálogo la mayoría de sus obras rompiendo el mito de la imagen como cáliz del discurso cinematográfico.

Aclarado este punto conviene no exaltarse. Los titulares que levantaban a Match Point a obra maestra son precipitaciones de una necesidad de negar la obra anterior de Woody Allen no muy bien aceptada y considerada por la crítica. Esta euforia colectiva parece un pequeño circo alrededor de un “outsider” cuya carrera, a pesar de sus altibajos, mantiene un rigor y un fervor de los que quedan muy pocos. De espaldas al circuito comercial, desinteresado completamente por los rituales de las alfombras rojas y los premios, siempre ha hecho lo que le ha dado la gana y por suerte, para todos, ha habido productores que se lo han dejado hacer.

Match Point tiene una envoltura que esconde el estilo Woody, su intromisión sociológica en las clases pudientes, su absoluto cinismo, su descarada parodia de Crimen y castigo están solapadas en una narrativa convencional que coquetea con el cine negro y guiña al cine de “sangre y ópera” de Coopola. En ella no hay sorpresas, no hay ese matiz humorístico que tanto nos sobrecoge, simplemente hay una historia como pretexto para una exploración de una clase social y su interacción con las otras. Por lo que considerar este filme como su obra maestra es negar una obra sólida y perdurable, compleja y reveladora, donde abundan piezas indiscutiblemente trascendentes que pueden ocupar esta categoría. Digamos que Match Point es un punto de giro, una nota discordante con oficio y temple dentro de una formalidad que algunos quieren ver como el paradigma de hacer cine.

viernes, enero 19, 2007

Hacer cine en Europa: entre la demonización y el festivalismo.

El previsible monstruo de Hollywood ha destrozado casi todas las “cinematografías nacionales”, salvo la de China y la India por razones más demográficas que de globalización y leyes del mercado. Quizás la más resentida, y también afectada, es Europa con una tradición innegable que ha dado a luz muchos de los genios de este arte tan joven que es el “cinematógrafo”.

Cuando revisas la cartelera cinematográfica a este lado del Atlántico es casi de chiste ver la nacionalidad del filme por castizo que sea la traducción del título. Da realmente la impresión de que estás en los Estados Unidos de América y si quieres acercarte más a la atmósfera yankee no hay que ir muy lejos de los cines para ver los templos de Mac´Donal y Burguer King. menos mal que todavía los europeos disfrutan de la fisonomía de sus ciudades y no han dejado que se les americanice su arquitectura. Pero si quieres ver cine europeo en Europa tienes que hacer un esfuerzo fenomenal no sólo en la nutrida cartelera que va desde los cines más selectos de “versión original” a las simples salas triple X –aunque en esta zona los franceses son los únicos que compiten con decoro–, sino también hasta la televisión por cable. Menos mal que existen tiendas como Fnac y algunos videoclubs –que resisten estoicamente contra el proceso de extinción de cinéfilos.
A simple vista todo suena a “échale la culpa al yankee”, pero esta opinión que está en boca de cineastas, críticos, productores y como era de esperar cinéfilos. Si bien es cierto que la disciplina industrial cinematográfica de EUA es más que agresiva, invasiva, no creo que sea prudente culpar al “demonio imperial” de una manera tajante como si el cine de otras latitudes no hubiera tenido nunca la oportunidad de enfrentar cara a cara la pandemia cinematográfica made in USA que ha contaminado al factor fundamental de la cadena prodrucción-distribución: el público.

Tampoco creo que severas políticas nacionales, tendenciosas con tintes fascistas, sea la solución para moderar el fenómeno de la saturación del mercado por la cinematografía norteamericana. El proteccionismo, aunque puede ayudar a regular un poco, a la larga es una manifestación, no tanto de incapacidad industrial, como de incapacidad competitiva que refleja con creces las raíces de un conservadurismo nada positivo. Y esto es muy interesante en el plano sociológico industrial, la sociedad norteamericana en apariencias es muy libertaria, para nada, la tradición conservadora tiene unas raíces emparentadas con la xenofobia, el racismo y la discriminación a la mujer que casi son invariables. Sin embargo el cine yankee se ha enfrentado a todo esto y a pesar de las altas y las bajas ha creado su propio imperio que sobre el desparpajo de la libertad hacen que bodrios y obras maestras sean tan consumibles como una Coca-Cola y el Público las prefiera por encima de cualquier otra cosa.
A mi juicio Europa no supo responder al “lenguaje comercial”, y cuando hablo de comercial no me refiero a la mierda que viene en papel de regalo, me refiero a todo aquello susceptible de ser vendido y consumido en mayor o menor escala según la calidad. Monto en cólera cada vez que subnormales que pasan por críticos y cineastas obtusos confunden lo “comercial” con las heces olvidando el carácter industrial y masivo del cine. es cierto que algunas fórmulas de empaquetado, de escritura y hechura cinematográfica ya son manualescas, que pasan por beige enmascarando lo trivial y vacuo, pero las reformulaciones del lenguaje que generó la Nueva Ola, el Free Cinema, etc... se quedaron en un cine de autor denso, tan íntimo como un diario personal sin fechas con las hojas sueltas y sin enumerar. El mal llamado “cine de arte” –entendido sólo por aquellos que lo hacen y otros que cedemos ante la provocación cuando estamos de paso– olvidó al público y los autores prefirieron entenderse más entre ellos que llegar a quien en el fondo pagaba las producciones: el hombre de a pie, el obrero, la ama de casa, el jubilado.

Aunque la anterior oración suena marxistoide creo que fue así. El cine europeo cada vez más de autor y de tesis le volvió la espalda al público, eso provocó inevitablemente que se experimentara un caída proverbial en las taquillas y por defecto un desasosiego en quienes producían el cine. Así que de la pasión ciega de los primeros años del cinematógrafo se pasó a un fervor creativo que alcanzó los lúcido sesenta y ya hacia los setenta comenzó un declive que no ha cesado hasta ahora.

Ya sé que algunos sectarios estarán pensando, pero este hombre ¿se olvidó de las dos mundiales que vivió Europa? ¿De los años de depresión de la posguerra? No, para nada, las dos guerras fueron atroces, generaron una migración masiva de quienes hacían cine en Europa, mataron a otros, acabaron con la infraestructura industrial y dejaron casi en cero a las cinematografías de los países del viejo continente, acabando incluso con su patrimonio. Pero al margen de estas desgracias la recuperación de Europa fue impresionante como lo fue la recuperación la pasión de hacer cine, un cine sobre la experiencia misma de las atrocidades de la guerra, sustancioso y vigoroso, que en su competición con el cine norteamericano extravió el lugar de público permitiendo que el cine foráneo hechizara a quien pagaba la taquilla. Si a esto agregamos el advenimiento de la televisión, el vídeo cassette, el DVD, la computación y la piratería todo se agrava.

Por otro lado creo que la poca valentía de los productores europeos y el temor a reconquistar al público contra la parafernalia del audiovisual yankee han motivado que sea cada vez más difícil producir en Europa. Para colmo hay ciertas taras de los productores europeos que no los dejan ser más agresivos con la selección de proyectos y su ejecución. Hay un grupo de condiciones que no han dejado que crezcan con naturalidad y son inviolables. Para empezar tienen que tener financiamiento del gobierno, casi nunca se arriesgan solos en ninguna empresa, todo debe ser de mediano presupuesto, no invierten lo que debieran en publicidad y distribución, tienen una debilidad fatal por la comedia, el realismo los mata y no suelen invertir en desarrollo de guiones, en potenciar al máximo esta zona, confunden lo cotidiano y aburrido con la metafísica y el cine de autor. En fin, pudiera citar otras más, pero podrían resultar ofensivas. Claro, claro que hay productores europeos con un par de cojones bien puestos y creo que esos son los que además de hacer dinero fecundan el cine, pero de esos hay muy pocos.

Por suerte hay infinidad de comisiones, grupos y fundaciones que apoyan el cine europeo, que propician la coproducción y oxigenan el talento joven. Pero esto ha llevado por caminos nocivos. El primero el de mimetismo, el de la réplica de las superproducciones de Hollywood ni con el más mínimo color local y el otro, el de la exaltación de un cine de autor desmedido, todos aplaudimos, pero que es de laboratorio, hecho para festivales y circuitos de élite donde otra vez se le da la espalda al público. Y de esto no está exento nadie, también pasa en Latinoamérica, en los propios Estados Unidos y en Asia. Porque creo que si tan difícil es hacer cine de autor bien “espeso”, tan difícil es hacer un cine que, sin trivializar el lenguaje, ni tratar como niños al espectador, pueda ser arte y llegar a un público plural. Ya se que parece una utopía, pero entonces ¿por qué hay tantas obras del cine universal que el tiempo pasa y pasa y su público es cada vez mayor.?

jueves, enero 18, 2007

Triste, solitario y final: monólogo del guionista

Pido mil disculpas a todos aquellos que siguen este blog. El silencio es una especie de veneno y ahora, al cabo de cumplir un año en la Red, hay que comenzar a vencerlo. Quizás ahora es mucho más difícil que antes ya que ahora no escribimos desde la Isla, sino desde Madrid. La vorágine de la superviviencia y la resaca insular en medio de la niebla invernal propicieron que hiciera silencio. Por otro lado durante octubre y diciembre de 2006 trabajé en el proyecto de largometraje que me trajo a España gracias a la beca de Fundación Carolina y a la gracia de Casa de América en Madrid. Para romper el hielo abrimos con algo incalificable, pero que puede ser también el espejo de aquellos que se dedican al duro y difícil oficio de escribir imágenes.

Terror al final. Es sólo eso. Un miedo que va desde lo síquico a lo espiritual. En meses no has hecho otra cosa que pensar en tu guión, que pensar que eres mejor que Tarantino y que Iñárritu; mejor que cualquier cretino salariado de Hollywood. Logras meterle el cuerpo a la primera escena, ves la segunda y hasta la tercera. Dibujas en un papel una rara estructura que sólo tú entiendes y un entusiasmo entraño invade tus arterias. Pero después de la página 50, lo que llamaríamos la escabrosa zona del desarrollo te vuelves a parar. Dudas, piensas que lo que has escrito es una mierda, que el último productor destrozó tu argumento, que no has escrito lo que debe estar en el papel, que andas perdido, extraviado en las tinieblas de las tramas, las subtramas y la polla divina de los manuales cretinos que lo único que hacen es que todos hagamos películas con nombres distintos y tramas iguales. Sólo falta un revolver de un calibre grueso para jugar a la ruleta rusa y una sobredósis por si falla la bala. El ordenador está vacío, encendido, lleva semanas así, pero a ti te importa un bledo. Compras un litro de vodka porque ni las balas y las drogas hacen nada, lo mezclas con zumo de manzana, pones a Tom Waits, en definitiva ha hecho de Jim Jarmus lo que es. Te desnudas, saltas como un salvaje, riegas mil papeles por el suelo, comienza a ver la cabrona historia, ves cosas que son escandalosas, que tienen sexo explícito y sangre, pero piensas en el cretino del productor que sólo entiende de bajos costos, pocos personajes y nada de efectos especiales. Mierda, no tengo cojones para hacer una peli de dos personajes en una locación, sin música y efectos especiales, te dices. Qué mediocre soy. Pero no, no eres mediocre, eres la polla misma, el cabrón más creativo de la historia de la humanidad, pero no te das cuenta, no lo sabes y el único alimento es el desprecio hacia ti mismo que sueltas frente al espejo: “Are you talking to me?” Lo peor es que has cambiado tanto la historia como se mudan los vellos de tus cojones, has tratado de agradar a tantos productores que ya no sabes lo que quieres, has tratado de vender algo de tantas maneras que los subnormales con estudios mercado han conseguido arruinártelo. Quita la sangre, pon una señora de edad, chico conoce a chica, la violación es muy fuerte, nadie hace eso, ¿y esa es la realidad?, no, no venderíamos los derechos a la televisión. Tu cabeza está hinchada, es como si hubieran puesto gasolina en el cerebro con el monólogo del Ulyses al mismo tiempo. Pinga, esta pinga no la van a entender en el país donde vives ahora mismo, así que mejor gritamos polla, polla, repolla, qué demonios estoy haciendo. Pero el conjuro no sirve, eres un maldito escritor que llega de último, que se quiere colar en el cine europeo con temas que son demasiada actualidad y para colmo no respetan las cabronas reglas. Si no hubiera consumido tanta disociación en la Isla. Bien, vamos a concentrarnos, vamos a creer que hacer un cine con sello propio y sabor a mí no es una pesadilla. Sí, las fuerzas parecen volver de nuevo, parecen querer dejar a un lado el revolver que apunta a la cabeza y dejar que las palabras fluyan. Te sientas al ordenador, revisas palabra por palabra de las primeras escenas y de momento explota algo que te ilumina. La pinga (polla) se te pone dura y los pelos se te paran, ahí mismo van los dedos a teclear ideas locas, descabelladas, trastocas el tiempo, enredas la trama, pones cifras, haces guiños que no se parecen a las exquisitas pelis de Hollywood, ni a al más raro cine europeo que tratando de decir no dice nada en su linealidad y realidad pasmosa. De ti sale un mundo personal y raro, con un toque de realidad que le recuerda a todos que todo es pura apariencia y que al final, hágase lo que se haga estamos en los terrenos de la ficción. Es la brisa de la creatividad enloquecida lo que pasa por nuestras páginas, no la van a sentir los productores obtusos, no se van a enterar los famosos “doctores de guiones”, todos los cretinos permanecerán con sus peinados intactos y el traje limpio de palabras obscenas. Pero has logrado atravesar ese guión que te comía la cabeza, tienes algo más que ciento veinte páginas y has hecho, al final, lo que te ha salido de los cojones. Quizás nadie te compre el guión, quizás nadie quiera arriesgarse con tu magia y hasta puede que te mueras de hambre o termines de portero en una discoteca. Total, no hay apuro, el mundo está lleno de cretinos y Buñuel comenzó a hacer cine después de los cuarenta.