Alfombras verdes en los Premios Goya 2007
La 21ª Ceremonia de entrega de los Premios Anuales de la Academia "Goya" tuvo lugar en el Palacio de Congresos y Exposiciones del Campo de las Naciones en Madrid el 28 de enero de 2007. Todavía a estas alturas el sitio de la Academia no se ha actualizado y la prensa cinematográfica lejos de hacer una crítica sustanciosa hace ecos de la prensa sensacionalista. Pero por lo menos en Wikipedia los cinéfilos podrán encontrar los detalles de los premios.Los primeros minutos de la ceremonia estuvieron fatales. El intento de marcar la diferencia, de poner humor e impregnar de informalidad al ritual se hizo fallida por lo pedestre que se tornó la misma y la poca naturalidad de sus actores. Entre los pocos chistes buenos, el decorado “oscariano” y el fondo musical a lo Brodway, desfilaban los premiados. Algunos con una cara de gruesa incredulidad, otros con una emoción de telenovelas y algunos con un histrionismo exagerado. Lo cierto es que salvo las declaraciones de XXX, premiado por el mejor corto de animación, y las del archiconocido, Guillermo del Toro, el resto fueron discursos frívolos, insignificantes, plagados de agradecimientos lagrimales. He escuchado palabras de duros futbolistas en esta temporada que superan en elocuencia y gracia las allí expresadas.
Si algo enrareció la ceremonia fue el discurso de Ángeles González-Sinde, la nueva presidenta de la academia. Es raro que una guionista de oficio sea quién esté al frente, es raro también que procediendo de una zona rebelde y conflictiva, incluso hasta maldita, como la del guión, haya aceptado este compromiso institucional. Pues bien, su alegato que llevó el origen del cinematógrafo a las cavernas del paleolítico tuvo un toque de pedante, pero fue una acertada pataleta sobre la democratización del cine, sobre una “apertura” necesaria que no excluyera al espectador y sobre la necesidad de un fervor creativo más dinámico que se abra a nuevas formas de expresión. Las cámaras de la televisión se atrevieron a mostrar el desinterés de la mayoría del público que me probó una vez más la mala educación de las glamourosas estrellas. Esperemos que este nuevo mandato sea para bien y que ese amor desmedido por el cine que manifestó González-Sinde desborde la academia.
También creo que fue acertado la entraga del Goya del Honor, suponemos que por la carrera de toda una vida, a Teddy Villalba, un veterano productor del cine español, procedente de una estirpe de cineastas. A veces pienso que este tipo de reconocimiento al esfuerzo son una jugarreta para provocarle el infarto a los longevos que suelen recibirlo y que no es justo que llegue tan tarde. Pero por lo menos es un consuelo saber que de alguna manera no se olvidan ciertas zonas importantes del cine y esto es bueno.
Al final los filmes más premiados fueron “El laberinto del fauno”, de Guillermo del Toro y “Volver” de Pedro Almodóvar por encima de otras dos requetenominadas como “Alatriste”, de Agustín Díaz Yanes y “Salvador”, de Manuel Huerga. Aunque estas últimas fueron tocadas con algún Goya que esta vez no estuvieron rodeados de escándalos, ni manifestaciones, sólo mucha prensa inquieta y estrellas frívolas, poco flamenco y una feminización brutal en la pasarela para la entrega de los premios. En fin, otra entrega de banalidad camuflada de democratización y dudoso rigor crítico que nos prueba que aunque las alfombras no sean rojas no hay mucha diferencia entre los pavorreales de Cibeles y la ceremonia de entrega de los premios Goya.









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