El documental: entre el arte y el documento (Apuntes libres II parte)
Lo peor de todo es que esta omisión, este poco caso crítico al documental ha creado una zona de mito que ha dado cabida a la simulación. No todo lo que no es ficción es documental, incluso, no todo lo que se cree documental es documental. Por desgracia, el fervor militante, la pasión por las buenas causas y la justicia social ha camuflado en su producción obras que no tienen más méritos que la denuncia y la revelación. También por desgracia, los creadores extremos, los sectarios de la tecnología y la estética a ultranza vacían sus discursos en pos de una suma creativa divina que está por encima del bien y el mal.
Definir hoy qué es y qué no es un documental es bastante complejo, sobre todo porque el mestizaje cultural es cada vez mayor, porque la transferencia tecnológica aumenta a raudales y las relaciones de poder centro-periferia ha comenzado a rotar y a desplazarse. De coqueteos a mezclas, de citas a plagios, de cautas referencias intelectuales a abiertos pastiches, palimpestos semánticos de una obra audiovisual que se cita a sí misma, que reflexiona sobre su propia hechura, que denuncia y trata de elevar su discurso a arte. Eso tan confuso y enigmático quizás sea el documental, algo más que un registro, más que una denuncia, más que un juego estético de imágenes y sonidos.
Si algo debe quedar bien claro es que por encima de las mutaciones del lenguaje audiovisual, por encima de la influencia de la tecnología, debe haber un balance entre el qué decir y cómo decirlo. Un balance que no significa una claridad sígnica, ni un discurso masticado en los términos de las pedestres convenciones que el cine beige y
Cuatro
Hacer cine, video, ficción, documental, video arte, arte digital, cualquier cosa que involucre la imagen y el sonido, sea cual sea el soporte y su circuito de distribución, es la misma cosa. Lo que sucede es que clásicos aristocratizados, independientes rebeldes y marginados, por elección propia o por desgracia del destino, no quieren borrar las fronteras entre los medios y quieren reafirmar cada vez más sus prácticas como legítimas y verdaderas. Es complicado y a este enredo contribuye la crítica, ayuda a la confusión, al desencuentro, en vez de ayudar a clarificar los derroteros, las nuevas zonas culturales que son resultado de una tradición y una vanguardia.
En medio de este caos terminológico, donde fuerzas económicas modelan los terrenos del audiovisual, el documental sigue dando guerra, incluso cierto espíritu indie lo ha exaltado como el verdadero medio de estos tiempos. Pero sin apasionamiento, habría que ver qué mueve a muchos realizadores, qué mueve a los productores que lo apoyan, habría que ver cuáles son las verdaderas fuerzas económicas que mueven sus circuitos de distribución y hasta dónde llega la guerrilla y el underground.









