El gran arte de la disociación o por qué escribir crítica es más chungo que chutarse
Si algo se resiente de la crítica es su falta de profesionalidad, de estilo y la calidad no sólo escritural, sino conceptual. Nadie hace desmontajes de las piezas audiovisuales, nadie se atreve a ver las máculas, nadie se atreve a putear con calidad y seguridad a los bodrios y a las mierdas fílmicas que saturan nuestro pequeño universo. Nadie se aventura a traspasar los límites de los autores y olvidarse de la palabrería insulsa de los cineastas que posan con sus etiquetas de raros, extraños, subvencionados y cultos. Joder, que ni en la zona de outsiders se puede clarificar quién es quién por tanta maraña cultural, paternalismo gubernamental y presiones del cine "made in Hollywood".
En España el cine de autor está castrado, primero por el monopolio y megalomanía de algunos autores que nevegaron con suerte a pesar de sus constantes divaríos, por las cadenas de televisión que marcaron un sello de amparo fatal y garantías de divulgación aunque el resultado fuera un vomitivo y por último por las subvenciones que para ser francos parece como si estuvieran lavando dinero las instituciones porque evitar el suicidio de un artista de puede hacer de mejores maneras. Ante este clima la crítica se ha dividio en la buena, la gris y plana de los grandes medios, la oscura erudita que nadie entiende bien qué dice, y por último la de los bares y clubs de alterne, que es muy probable que sea mejor y más saludable que las otras dos porque por lo menos es sincera y parte casi del propio espectador.
Es un mal momento para la crítica, lo es también para el cine y lo es para las instituciones que no acaban de ver el resultado de sus inversiones reflejadas no tanto en taquilla como en la pasión d elos espectadores. ¿Pero qué cojones es lo que pasa? Aaso no hay críticos que valgan la pena. Pues sí, sí los hay, y de sobra, pero la maoría existen en publicaciones demasiado alternativas, en medios muy frikis, en la blogsfera y claro, en los bares y clubs de alterne. Quizás los grandes medios debieran replantearse quiénes podrían dinamitar a partir de la crítica la distribución y el consumo del cine, quizás no debiéramos dejar a un lado a los inconformes y a los rebeldes que patalean con sus palabras y sí facilitar el diálogo abierto que genere interes y que conduzca a la reflexión y al replanteo de ideas a los artistas.
Pero no es así y hay que comerse el marron y olvidarse de las críticas en los dirios y las cadenas de televisión, pasar de todo y tratar de pillar a un amigo cinéfilo que después de unas birras ofrezca un consejo y especule sobre el trasfondo de cierta obra y encuentre los puntos de contacto de tal secuencia con tal y más cual libro. En fin que con la crítica raquítica y tan conservadora que tenemos no creo que lleguemos muy lejos.










