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jueves, diciembre 17, 2009

Segundo día de rodaje y cambio de nombre



Definitivamente rodé los exteriores, no lo pude evitar, con un día perfectamente nublado y un resplandor acojonante que me daba la escala tonal que necesitaba. De paso le cambié el nombre al corto, ahora se llama "Exilio" porque me di cuenta que con los tintes de cine negro y el tratamiento del susoense no era suficiente para contar una historia decente, así que utilicé el tema del exilio como veladuras para solapar el final y de alguna manera reflexionar sobre los desplazados, sean de la naturaleza que sean.

No más de unos 12 minutos de exteriores, quizás muy poco, pero creo que será suficiente para montar de una manera digna. Así que dos días de rodaje y muchas horas preparando una estructura para el montaje. La experiencia ha sido divertida y de alguna manera esta forma de trabajo, que nos recuerda a los pioneros del cinematógrafo, es el futuro. Y no porque lo diga Alex de la Iglesis en su abobinable corto de presentación de los premios "goyitas", sino porque la realidad lo impone. Internet se ha convertido en la plataforma por exelencia para la producción de material audiovisial de diversa índole democratizando el "cine" y aunque hay mucha basura siempre hay aciertos y aportes y cosas que van dejando marca.

Ahora llega el momento de sentarse en la mesa de edición y comenzar a cortar, el picotillo será grande porque soy peor que Wong Kar Wai e Iñárritu juntos, pero trataré de no abusar del corta corta. Para el finde debiéramos tener un primer corte y la semana que viene terminar la mezcla y la musicalización. Si divertida y placentera es la experiencia, hay que tener cuidado, porque esta capacidad y facilidad para producir cortos desde cero nos puede llevar a producir mucha mierda, por lo que la contención es prioritaria.

PD: Un amigo se ja horrizado con los de la "mariconería indie pop", hoy nos vemos y el encuentro promete ser divertido porque además de ser de los pocos que me leen es de los incondicionales y de los que no te fallan. Espero que no me defenestre.

martes, diciembre 15, 2009

Rodaje de Invisible (corto de ficción)



Cuatro horas bastaron para rodar el último cortometraje de ficción que he elucubrado. Será muy, pero que muy corto y es posiblemente el más económico que he realizado hasta la fecha. El nombre provisional es "Invisible" pero sólo es un punto de partida para organizar el puto caos de los cojones que tengo. Sólo unas vagas coordenadas de cine negro y una una fotografía en clave alta parecen ser las únicas coordenadas, pero para mi es más que suficiente.

40 minutos de cinta y algunas tomas de sonido resultaron ser el material con el que pensaba improvisar, pero me equivoqué; en la medida que visionaba el material brotaron demasiadas ideas que debo controlar y racionalizar para poder lograr un cortometraje decente. Los apuntes y el análisis me han llevado a una escaleta con la que he comenzado a trabajar. Ahora antes de hacer un primer corte comenzaré a tejer lo que para mi es una verdadera pesadilla, un argumento que vertebre la historia y que la nutra de guiños y referencias con algo de sustancia.

Siempre he tratatado de reprimir mi regusto por las armas, la sangre y los despelotes coreográficos con muchos extras, pero ni los recursos, ni el tiempo me han permitido hacer algo no a lo grande, sino a lo bestia. Entonces recordé el célebre cuento de Hemingway "Los asesinos" y el jodido "iceberg" me vino a la cabeza, así que me desaparecí del trabajo y comencé el proceso: seleccioné la ropa, el lugar adecuado en casa y los recursos de iluminación domésticos con que contaba; tiré mano de la cámara (una Sony HRV-A1) y el ridículo trípode que tengo y me puse a tono. Bueno, tengo que reconocer que fui a por par de birras para relajarme ya que el principal y único actor era yo.

Como la necesidad es la madre de la invención dejé a un lado los trastornos bipolares y me pluralicé para poder desempeñar todos los roles; hice un diagrama de planta para emplazar bien la cámara y marqué con posit mis posiciones y todo el desplazamiento, hice algunos ensayos, unas pequeñas pruebas de cámara para ajustar foco y planos y acostumbrarme a utiliza el control remoto de la cámara y cuando tenía los motores a punto solté el gas. Utilicé el televisor de tubo catódico como monitor, aunque algunas veces tuve que utiliza el LCD invertido de la cámara, y utilicé aparte de las luces fijas del apartamento, algunas lámparas que andaban por ahí para mezclar todo eso con la luz natural. El resultado fue una clave alta, sin duras sombras y con unos medios tonos increíbles que me permitirán obtener un sabroso blanco y negro.

La historia es sencilla: un emigrante discreto y decente es una sombra en una gran ciudad, pero es una cuestión de supervivencia no llamar la atención porque este hombre tiene un trabajo muy peligroso y sucio. Fin de la historia. La historia estará contada con planos estáticos que alternan con primerísimos planos cámara en mano; habrá algo de juego con el tiempo, jump cuts y planos macro, voz en off y musica medio-indie (no la mariconada ideie pop) sino indie en el mejor sentido de la palabra. Es muy probable que tenga que rodar un poco más y, aunque no quiero caer en la tentación clásica de poner planos largos, panorámicos y generales, es muy probable que lo haga por si en la mesa de edición me quedo sin recursos para contar mejor o no encuentro soluciones creativas para salvar las situaciones.

Invisible o como demonios termine llamándose el corto comenzará a editarse en estos días, el trailer y adelantos serán colgados en mi canal de Youtube pero será por invitación ya que unas de las motivaciones para realizarlo fue el querer participar en el NotodoFilmFest, claro, al estar terminado podrán verlo íntegro en el sitio del concurso. Esperemos que esta aventura se vuelva a repetir y que los ánimos creativos se mantengan pasado el invierno.

lunes, noviembre 16, 2009

De la rotura a la creación

Cuando escribía este blog desde la Isla la constancia era mayor; por lo menos lo actualizaba una vez a la semana como mínimo. Cinema Interactivo nació como traspatio de trabajos mayores, taller de ideas y sobre todo zona de “entrenamiento” para obligar a la mano a escribir, pero al final quedó como espacio de reflexiones y terapias personales compartidas con unos pocos a los que siempre tendré que agradecer sus anónimas visitas, los correos esporádicos y las palabras de aliento. Las roturas de este blog son incríbles, así como sus resurrecciones; lo mismo aparece una euforia demoniaca que lo inunda con posts a diestra y siniestra, que se llena de una vacío descomunal. Sin embargo nunca desaparezco del todo y tampoco quienes me visitan.

Ahora, mientras trato de recuperar el aliento, mientras organizo un poco lo que seguirá y reflexiono un poco sobre el devenir de este espacio, me acaba de llagar mi nueva cámara de video. Los últimos trabajos los había hecho con alguna cámara prestada o alquilada y para ser honestos la herramienta no me había preocupado tanto porque me movía en la zona del videoarte y el video experimental donde el desastre a veces es provechoso y la hechura doméstica servían para aderezar una estética indisciplinada y herética digna de no encajar en ningún lugar. Pero entonces aparecieron otras preocupaciones, más documentales, más cinematográficas sin perder el aliento subversivo y fue cuando decidí hacerme de una cámara que me sirviera para “todo”.

Durante mi rara y poco continuada carrera cinematográfica la precariedad siempre me obligó a hacer de tripas corazón y a crear con los más mínimos recursos, había crecido con el 8 mm y la fotografía en blanco y negro, y cuando tuve la oportunidad de trabajar más en serio nunca pasé, para trabajos propios, más allá del VHS o el Hi-8 hasta que llegaron las cámaras fotográficas digitales y gracias a su portabilidad aproveché al máximo su capacidad para hacer pequeños videos que te obligaban a ser esencial y sintético. Así que como en cuanto a poética no tengo muy claro todavía lo que quiero, pero el “con qué hacerlo” sí, decidí que era hora de hacerme de una cámara que fuera pro, pero no tan pro, que no asustara a la gente por su tamaño y grandilocuencia, que pesara lo suficiente como para hacer una plano estable, pero no como para romperte la espalda, que tuviera todo tipo de “huecos” de entrada y salida, que tuviera una óptica cojonuda, que fuera resistente, que pudieras hacer malabares con ella sin que se te fuera de las manos, que utilizara tecnología CMOS y que tuviera un precio no de risa, pero tampoco para echarse a llorar. Así que después de machacarme literalmente la cabeza y revisar media Internet y consultar a infinidad de amigos, entre ellos incluyo mi almohada, decidí comprar la HVR-A1 de Sony.

El haber comprado esta cámara me tiene bastante motivado y ha resucitado mi pasión por el audiovisual, su portabilidad y calidad de imagen son impresionantes y sus prestaciones permiten matices expresivos importantes; quizás para otros no sea de gran calidad, ni una cámara que merezca la inversión que hay que hacer, pero para mí me viene como anillo al dedo y espero poder explotarla al máximo con mis proyectos. Por ahora la estoy testeando, situándola en distintas condiciones y contextos para probar todas sus funcionalidades y en paralelo trabajo en par de guiones dormidos que ya deben despertar.

Desde ahora serán menos las roturas y quizás no haya necesidad de resurrecciones inmediatas pues pongo en marcha varios proyectos que no sólo involucran mi obra, sino también la de otros realizadores. Ahora cruzaremos los dedos y pisaremos a fondo el acelerador para aprovechar este entusiasmo junto a las buenas circunstancias que hacen de la creación algo placentero y delicioso.

viernes, junio 19, 2009

Por qué no suelo escribir sobre cine cubano

Cuando Luciano Castillo y Maruja Santos fomentaron mi aliento por la crítica de cine comencé por el cine chino, parece extraño, sobre todo cuando seguía con atención la filmografía de la Isla y solía polemizar sobre ella en los cineclubes por los que pasé. Recuerdo a Tony Mazón fotocopiándome artículos en la Cinemateca, quizás él no lo recuerde, y a Frank Padrón llenándome la cabeza de felices actos terroristas, a los ojos de la mayoría, pero herejías a los ojos de unos pocos. Aunque me disguste la palabra década, los 90 fueron los años de iniciación en que me debatía entre la crítica y la realización gracias al culpable mayor Jorge Molina. Después vino una lluvia de amigos como Juan Antonio García Borrero (Juani), Mayra Pastrana, Rufo Caballero, Carlos Galeano, los dos Mario, Naito y Naite. Menos a Juani a los demás le fui perdiendo la pista con mis exilios particulares en la propia Isla y mi vagancia para escribir, además de la continuada apatía por publicar, incluso cuando ya había madurado un poco con el estilo y la calidad de las ideas.

En 1994 en mi primer Taller de la Crítica Cinematográfica recibí una pateadura descomunal por dos razones, primero por el desfachatado texto que había presentado diciendo que no existía el cine cubano, segundo por lo incoherente y caótico que era dejando al descubierto la inmadurez, pero también la desmedida osadía que me comía los huesos. Esa es la causa por la que no aparece mi trabajo en las memorias de ese año y aparezco en todas las fotos y el programa oficial del taller y en el recuerdo de los organizadores. Como ven no he cambiado mucho, comencé en este texto por el cine chino y terminé enredado en anécdotas que no sé my bien como van en este texto. De todas maneras ahora ya no sufro por mis propios desvaríos y el caos conceptual que armo en casi todo lo que escribo porque asumo mi libertad de pensamiento sin dramatismo y mi libertad estilística sin mucha preocupación formal.

Pues bien, lo del cine chino se debe a mi constante inconformidad con el cine cubano, esto no quiere decir que no reconozca la obra gestada en la Isla, que no sepa del talento y la dedicación de muchos, pero es que nunca me acabó de contentar, incluso lo “subterráneo”, lo que crecía fuera de la oficialidad y al final este descontento, por su persistencia atroz, se ha convertido en una indiferencia que ya venía desde que escribí el primer artículo sobre cine. ¿Cómo me podía interesar más la cinematografía china que la de la Isla? Simple, supongo porque en algún momento ni me sentía de la Isla por obra del lenguaje y de la cosmovisión que me presentaba durante años el cine cubano. Obras plagadas de un neorrealismo trasnochado, temas de una cotidianidad extrema que lindaba con la nada, una saturación de comedias que opacaban otras realidades y una cuadrícula institucional castrante que sobre el signo oficial marginaba voces y expresiones quizás más válidas que las que nos vendían.

Para colmo la mordida de la nostalgia por los dichosos 60 y después el despertar del cine antes del triunfo de la Revolución me revolvían las tripas y volvían a quitar la mirada de lo emergente, lo provocativo y herético que ahora mismo con la democratización de la realización, gracias al acceso a la tecnología digital, se ha vuelto puerilmente escandalosa. Supongo que por los años de censura, silencio y marginación, lo que ha provocado que no sólo los jóvenes exploten con una hipercrítica implacable, sino también realizadores de mayor solera que no se han podido reprimir más. Si a esto le sumamos la zona de la diáspora, de los que están haciendo cine fuera de la Isla bajo la dimensión que sea, becarios, exiliados, mudados, residentes temporales, en fin lo que no están adentro y sienten bajo otra latitud, ya tenemos un panorama complejo que requiere ser explorado antes de ser criticado y sobre todo tiene que ser mostrado para ser por lo menos aceptado como una parte también nuestra.

De seguir con este texto debo reconocer primero me incapacidad para penetrar el cine cubano de una forma coherente y serena, tengo que añadir que mis recursos metodológicos son precarios para algo tan complejo y para sazonar todo agregaremos que no poco miedo me da enfrentarme no sólo a toda una filmografía, sino a obras concretas que me despiertan cierta atracción e incluso fascinación. En buen cubano “pendejitis”, pero por lo menos tengo los cojones de reconocer lo que me deja como un inválido ante el cine de la Isla. Debe ser una especie de trauma, de sumas de churros, de imbecilidades, de cabronadas institucionales y de una ceguera colectiva lo que me deja ese sinsabor que me aleja como crítico del cine al que debiera tenerle un especial amor. Por eso envidio a aquellos que son capaces de enfrentarse a él, luchar por él y, metafóricamente, hasta matar por él. Lo único lamentable es que las voces que vibran en estas coordenadas con lucidez son pocas y lamento no haber dedicado tiempo, ni esfuerzo en sumarme a ellas. Por ahora el cine cubano sigue siendo una asignatura pendiente y no será raro que nunca escriba sobre él, de todas maneras siguen las hormigas en el estómago y las mariposas en la cabeza, por suerte con el sabor insular que todavía me hace de esa rara y preciosa Isla que reina en el Caribe.

miércoles, diciembre 03, 2008

El buen Steven Soderbergh



Desenfadado, arriesgado, unas veces simple y otras veces complejo, amado y odiado quizás por sus altibajos y sobre todo por las supuestas traiciones al cine independiente, así es Steven Soderbergh. Sigo creyendo que su filmografía es muy personal aunque algunas de las últimas piezas estén aderezadas por convenciones casi obligatorias de la industria. Su sello persiste hasta en los bodrios: constantes guiños a la historia del cine, reinterpretación de géneros, una atracción desmesurada por el manejo de la cámara y una densidad sociológica a veces imposible de ocultar en su discurso.

Quizás, aunque no lo parezca, es en “El buen alemán” donde esa inquietud de ensayo y de análisis sociológico es más notable. Sí, es cierto que los recursos del drama romántico a veces saturan el filme, que el homenaje al cine negro de los años 40 y 50 es demasiado obvio, pero detrás de la diversión y vuelta al blanco y negro, detrás de los clisés trágicos que vibran en la trama y del merodeo del suspenso, la intriga y la fatalidad, hay toda una exploración de una época que marcó la historia de la humanidad.

Con mucho cuidado, a veces imperceptible y otras veces con velado cinismo, a través de personajes comprometidos y marcados por la historia, Soderbergh indaga en la maraña de complicidades de la postguerra, pone al descubierto las constantes infidelidades de los Aliados y nos muestra la parte sucia y despiadada que late debajo del velo épico y romántico de la “victoria”. Sobre un Berlín depredado y dividido late el amor, el odio y la venganza de los personajes que nos dejan respirar la historia de un modo distinto a como es contada en los libros de historia.

“El buen alemán” es un filme que seduce, que atrapa por su glamour retro y su dimensión misteriosa, pero nos deja interrogantes éticas y morales, nos pone de frente a otra realidad con la guerra, parte de la realidad que provocó la “Guerra Fría” a través de las miserias humanas de estos personajes atrapados por la época que les tocó vivir. Aunque la narración adolece de cierto desvarío y el abuso de suspense enturbia un poco la progresión de la trama hay que reconocer que es una cuidada pieza, muy personal de Steven Soderbergh que coloca a este filme en uno de los más memorables junto a “Sexo, mentiras y cintas de video” y “Traffic”. Filmes que además de no dejarte como un espectador pasivo te permiten disfrutar de la vieja y sabrosa magia de la sala oscura con una fruición y placer inigualables.