De la rotura a la creación
Ahora, mientras trato de recuperar el aliento, mientras organizo un poco lo que seguirá y reflexiono un poco sobre el devenir de este espacio, me acaba de llagar mi nueva cámara de video. Los últimos trabajos los había hecho con alguna cámara prestada o alquilada y para ser honestos la herramienta no me había preocupado tanto porque me movía en la zona del videoarte y el video experimental donde el desastre a veces es provechoso y la hechura doméstica servían para aderezar una estética indisciplinada y herética digna de no encajar en ningún lugar. Pero entonces aparecieron otras preocupaciones, más documentales, más cinematográficas sin perder el aliento subversivo y fue cuando decidí hacerme de una cámara que me sirviera para “todo”.
Durante mi rara y poco continuada carrera cinematográfica la precariedad siempre me obligó a hacer de tripas corazón y a crear con los más mínimos recursos, había crecido con el 8 mm y la fotografía en blanco y negro, y cuando tuve la oportunidad de trabajar más en serio nunca pasé, para trabajos propios, más allá del VHS o el Hi-8 hasta que llegaron las cámaras fotográficas digitales y gracias a su portabilidad aproveché al máximo su capacidad para hacer pequeños videos que te obligaban a ser esencial y sintético. Así que como en cuanto a poética no tengo muy claro todavía lo que quiero, pero el “con qué hacerlo” sí, decidí que era hora de hacerme de una cámara que fuera pro, pero no tan pro, que no asustara a la gente por su tamaño y grandilocuencia, que pesara lo suficiente como para hacer una plano estable, pero no como para romperte la espalda, que tuviera todo tipo de “huecos” de entrada y salida, que tuviera una óptica cojonuda, que fuera resistente, que pudieras hacer malabares con ella sin que se te fuera de las manos, que utilizara tecnología CMOS y que tuviera un precio no de risa, pero tampoco para echarse a llorar. Así que después de machacarme literalmente la cabeza y revisar media Internet y consultar a infinidad de amigos, entre ellos incluyo mi almohada, decidí comprar la HVR-A1 de Sony.
El haber comprado esta cámara me tiene bastante motivado y ha resucitado mi pasión por el audiovisual, su portabilidad y calidad de imagen son impresionantes y sus prestaciones permiten matices expresivos importantes; quizás para otros no sea de gran calidad, ni una cámara que merezca la inversión que hay que hacer, pero para mí me viene como anillo al dedo y espero poder explotarla al máximo con mis proyectos. Por ahora la estoy testeando, situándola en distintas condiciones y contextos para probar todas sus funcionalidades y en paralelo trabajo en par de guiones dormidos que ya deben despertar.
Desde ahora serán menos las roturas y quizás no haya necesidad de resurrecciones inmediatas pues pongo en marcha varios proyectos que no sólo involucran mi obra, sino también la de otros realizadores. Ahora cruzaremos los dedos y pisaremos a fondo el acelerador para aprovechar este entusiasmo junto a las buenas circunstancias que hacen de la creación algo placentero y delicioso.









